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Ricardo Ortega. Clasicas

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Hola a todos, quisiera compartir con vosotros mi historia con el mundo del Trial clásico, adjuntando dos fotografías escaneadas del año 84-85. En ambas aparece la Cota 349/4tal y como la compré en septiembre del 83, salvo los amortiguadores, que le puse unos de gas en cuanto pude. La moto me la compré con el segundo sueldo que cobré en la compañía en la que todavía sigo prestando mis servicios (bueno, en realidad di la entrada y firmé un montón de letras). Con el primer sueldo me compré una mesa de ping-pong. 

ricardo_ortega2En la primera aparece una localización en la que todavía y a pesar del tiempo transcurrido, todavía subo de vez en cuando. La segunda se podía titular algo así como: Una cantera sólo para mí…eran otros tiempos, claro. Soy un tipo de lo más corriente y lo único extraordinario del tema es que sigo montando con la misma moto que me compré, salvo un paréntesis de unos años en la que se la tuve que vender a un colega por motivos personales y luego recuperé.

La moto tiene todo lo básico original salvo la amortiguación trasera que le he puesto unos Magicals, manillar, ya que he roto unos cuantos (el último con el pecho…no se lo recomiendo a nadie, todavía tengo en el hemitorax izquierdo el logo de Gonelli), el bastidor que se lo pinté de negro y, por supuesto los guardabarros, que en origen eran grises (todavía me pregunto quién y por qué eligió ese color tan horroroso) y que desde hace tiempo son rojos. 

Este es mi primer año como federado y mi objetivo es competir en todos los triales de Madrid y…acabar alguno.

Tengo 50 años y va a ser la primera vez que compita en trial…o no ya que corrí una vez un trial pirata en el año 76, más o menos, en Collado Mediano, en lo que entonces era el campo de futbol, fue tipo Trial Indoor, con neumáticos y tal y me subí un Seat 600 con mi moto: una Puch Minicross de 50cc. Mi colega Vicente guarda la prueba visual de tal hazaña en un par de diapositivas que me sacó. 

Lamentablemente cuando compré la Cota la utilicé básicamente para hacer excursiones solo, por lo que muy ducho en la materia del trial no soy.

Así que esta ha sido mi historia hasta ahora, que vuelvo a descubrir el Trial siendo un carroza. 

Mi primera temporada en trial.

Objetivo cumplido: he corrido todas las pruebas del Trofeo Comunidad de Madrid de Clásicas

2011.

Lo que me propuse a primeros de año lo he llevado a cabo con más pena que gloria…o no. Al final de esta historia me lo plantearé.

ricardo_ortega1La temporada la empecé en un entrenamiento del Motoclub Valdemanco. Hacía un frío impresionante: no era para menos ya que el lugar era en plena sierra este de Madrid. Lo primero que sentí fue desasosiego ya que las zonas no estaban marcadas para pasos amarillos. Teniendo en cuenta mi nula experiencia lo que yo deseaba era un marcaje claro que me indicara el nivel de dificultad al que habría de enfrentarme a lo largo de la temporada.

No me servía de mucho los ánimos de mis compañeros de faena: o había flechas amarillas o yo me encontraba inseguro al no tener los objetivos claros.

Hice algo así como la mitad de las zonas marcadas, no me atreví a más.

La segunda experiencia fue otro entrenamiento del mismo Moto club, esta vez en La Cabrera.

Allí me presenté sólo y al menos marcaron algunos pasos de amarillos, aunque fueran de  amarillos para motos modernas. Ése día empecé a distinguir a los diferentes tipos de pilotos que nos citábamos allí. Como yo, además de novato y poco ducho, iba con una clásica, notaba un cierto aire de fastidio a mi alrededor. Como de mirarme por encima del hombro. El sentimiento de descomfort lo paliaba juntándome con mis iguales, léase Sherpas y otras Cotas.

El tercer entrenamiento fue en “casa” ya que lo organizó el Moto club Trialmadrid al cual he pertenecido esta temporada.

El paso de amarillos fue raro para mí. Entendía el inicio, parte de la trazada pero las salidas eran un enigma. ¿Cómo podía ser que no supiera salir de las zonas? En fin, no puedo calificarlo más que de debacle: hubo una zona que no sabía ni como entrar, ni cómo salir.

Por fin llegó la fecha de mi primera competición: el Trial de Vicálvaro y…no supe llegar a el. El sábado intenté llegar con el coche y me fue imposible. El alivio llegó cuando me puse delante del ordenador dispuesto a descargarme todo el plano de Google y ¡oh, sorpresa! había sido suspendido porque alguna de las zonas estaban marcadas fuera del límite del distrito de Vicálvaro.

Pospuesto sinedie…Por lo cual mi estreno en la competición se produjo en el Trial de Collado Mediano, al cual contribuí con mi granito de arena ayudando a marcar la interzona. El día del trial estaba confiado. Entraba tranquilamente en las zonas y tranquilamente empecé a cometer fiascos…dos zonas, dos fiascos. Menos mal que al menos lucía el sol…Llegué a la zona 3 y marqué un 2, bueno, algo es algo. Llegué a la zona 4 e hice un 1, bueno, esto mejora. Llegué a la zona 5 y…no sabía salir. La intenté y un “varios” a mi tarjeta. Zona 6 y calé la moto al bloquear  el freno trasero. Zona 7 y (caramba, yo esto lo he vivido) no sé salir de la zona. La entrada espeluznante para un novato como yo: rampa de piedra y acelerar y esperar a no hacer un caballito y caerte para atrás, giro a derechas y una terraza para aprovechar hasta el último palmo y trazar como si fuera una rotonda y encarar una bajada bastante vertical ¡cuidado con el freno no bloquees la rueda! giro cerrado a izquierda y una subida en roca en diagonal, giro a izquierdas arriba y…hasta aquí he llegado. La gente pasando a cero y yo sin saber finalizarla.

Bueno, vamos a por la última: entrada en un corte entre dos rocas, giro de 180 grados, subidita en arena y alguna piedra suelta, bajadita rodeando una mini-montaña con giro a derechas, un poquito de gas y ¡voilà!, estas fuera de la zona…si no has calado la moto en el primer giro, que es lo que me pasó a mí. Resumiendo: para llorar. La segunda vuelta fue algo mejor, la tercera con altibajos y algún detalle humorístico pero un desastre sin paliativos. Quedé el penúltimo sólo superando a un compañero que venía del todoterreno y era la primera vez que se montaba en una moto de trial y a otro par que, para su desgracia, tuvieron que abandonar por avería. Lo malo fue la sensación de soledad ya que no sabía a quien dirigirme para que me echara una mano para resolver lo que para mí eran laberintos, en vez de zonas.

Y llega el segundo trial de mi vida de federado y es ROBREGORDO, así, con mayúsculas, LOS DOS DÍAS INTERNACIONALES DE ROBREGORDO: Veintinosecuantas zonas a una sola vuelta…de   treintaytantos kilómetros la vuelta. Doscientos pilotos. Cuatro mochileros, uno de ellos el mío:

Arturito. Para no aburrir diré que en la segunda interzona quería abandonar…lamentable pero rigurosamente cierto. Acabé el trial el último de los clasificados. Hubo diez o doce que no llegaron por averías y tal. El segundo día ni lo empecé, me retiré con la pierna derecha con dolores en, como se dice vulgarmente, músculos que ni sabía que tenía. Y llega el tercer trial y, tras una sequía de meses sin competición: Los Dos días de Los Ángeles de San Rafael. El inicio, inmejorable: llego a la verificación, está Manolo Torralbo, se me queda mirando y me suelta: ¿Te has apuntado al trial? ¡Jó, que moral tienes!… ¿Moral? ¿Que moral? Si me la acababa de dejar por los suelos. Éste trial lo había preparado a conciencia: moto bien revisada, platinos nuevos, condensador nuevo, bujía, aceite, etc, hasta me cogí una habitación en el hotel al lado del paddock. Llega la mañana, salgo de los primeros, primera zona, un fiasco, segunda zona, un varios, tercera zona, fiasco, cuarta…para que seguir. Recuerdo vagamente dos cosas: una que algo debí de hacer bien en una zona o dos y que llegué a una zona en un río y me tuvieron que sacar la moto entre cinco tíos. Menos mal que llegué a la zona 13 o 14 y rompí la moto, que si no…Pero la rompí bien: no daba una chispa coherente (suerte que pude regresar al parque cerrado, no sé cómo) y perdía hidráulico por la botella izquierda. Lo único bueno del día es que me duché, me fui al restaurante y me metí entre pecho y espalda un menú degustación de cinco platos y postre…en mi defensa diré que ni cené la noche anterior ni pude desayunar ese día de los nervios que me atenazaban el estómago.

La avería se solucionó después de 15 días de taller (y 250 euros de factura) Me pusieron unos casquillos en la botella de la amortiguación y me sustituyeron los platinos y el condensador (que resultaron ser una imitación de los originales) por un ruptor electrónico…ruptor que dará que hablar en el último trial de la temporada. Y llega el cuarto trial: Vicálvaro, el que fue suspendido meses atrás. El sitio: un secarral de narices al lado de la autopista A-3. Unas subidas que a mí, a priori, me parecían imposibles, con las correspondientes bajadas que a mí, siempre tan optimista, me parecían suicidas. Pues señores: me equivocaba de cabo a rabo porque disfruté del trial lo indecible. La moto agarraba, los terraplenes impresionaban pero no eran para tanto y los giros, salvo dos que se me atragantaron, se me dieron bien.

Un trial que recuerdo con cariño, quien lo iba a decir.

Vamos a por el quinto que resumiré así: ¿saben ustedes el dicho taurino de “no hay quinto malo”

¡Mentira podrida! Fue otro trial urbano, en Las Rozas, en teoría organizado por el Motoclub del mismo nombre y era Vicálvaro bis pero encima con sólo 7 zonas y, aunque parezca increíble en un espacio tan reducido, con la interzona tan mal marcada que me perdí en las tres vueltas. Ahora, eso sí, ceros hice la torta. Y llega el último trial que, por razones que desconozco, no organizó mi Motoclub. Se celebró en Navalafuente y me dejó un sabor de boca excelente. El terreno muy húmedo por la lluvia que había caído hasta el día anterior. Piedras por doquier que, a pesar de la humedad, agarraban.

Giros tan cerrados que parecían imposibles pero en los que entraba la moto. Escalones de piedras en sus dos variantes: súbetelos si puedes y ahora bájatelos si te atreves. Y encima sin peligro, al menos en mi nivel. En fin, una gozada. Y aquí va la anécdota del ruptor: llego a la zona 5 en mi tercera vuelta, hay varios pilotos delante mío, paro la moto, echo un vistazo por encima para recordar como era la zona, me va a tocar entrar, arranco la moto, no muy bien porque las botas las tengo mojadas y la patada no es todo lo enérgica que debía de haber sido pero, bueno, el motor se ha puesto en marcha, me da la sensación de que algo no va bien, pero… me autorizan a entrar en zona, meto primera y salgo todo decidido…para atrás, ante mi estupor y el jolgorio de los que tengo alrededor…embrago, suelto el embrague despacio y atónito compruebo que mi moto tiene, como mínimo, seis marchas adelante y una reversa  (tampoco metí segunda porque el resultado hubiera sido el mismo, digo yo). Trago saliva, pongo punto muerto, paro la moto con el botón de stop y empiezo a rogar mentalmente:

porfavorporfavorporfavorqueeslazona5delaterceravueltaporfavorporfavorporfavorquearranqueyvayaparaadelanteporfavortelosupliconomehagasestoenelúltimotrialnomeseasasíporfavor. Intento tragar saliva de nuevo pero me he quedado con la garganta seca, saco la palanca de arranque, apoyo la bota, me levanto en equilibrio y le suelto una patada que ni el chiste del vasco (1).

Meto primera, suelto el embrague con los esfínteres cerrados al máximo y la moto va a donde tiene que ir: a encarar la zona, en la cual, por cierto, me anoto un uno. ¡Fiuuu, prueba superada! De este trial tengo que resaltar que en algún giro hice todas las zonas a cero.

En el trial que más difícil me parecía a priori, fue en el que más disfruté y más

“trialero” me sentí.

En fin: c ‘est fini, the end, se acabó la temporada.

¿Y que voy a hacer el año que viene con cincuentayun tacos? Pues estoy como la canción:

¿Que voy a hacer? Je ne sais pas

¿Que voy a hacer? Je ne sais plus

¿Que voy a hacer? Je suis perduPero, por si acaso, ya he solicitado a mi empresa los días libres para los triales de dos días que hay programados… ya que me he vuelto a federar porque, en el fondo ¡me ha gustado competir!

P.D.(1) ¿Que cual es el chiste del vasco? Pues el del euskaldun que se encuentra con un amigo en una loma oteando el horizonte. ¿Y, pues, Patxi, que haces? Pues aquí, Gorka, arrancando la moto.

¡Pero si eso no se hace así, se hace dándole una patada! ¡Pues eso, que le he dado una patada y estoy viendo a dónde la he mandado!

Saludos

 

 

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