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Unidad Moto Alpina de la Cruz Roja

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¡Muy buenas zonas!

Para explicar cómo llegué a la Unidad de la Moto Alpina de la Cruz Roja, tengo que hacer un poco de historia personal.

Había cumplido la mayoría de edad, tenía trabajo en el negocio familiar, ya hacía tiempo que tenía novia, incluso piso para ir a vivir, pero había un obstáculo en nuestras vidas, que los más jóvenes que lean esto no se pueden ni imaginar lo que llegaba a “molestar”: “LA MILI”.

Para quitármelo de encima lo antes posible, decidí ingresar voluntario; aunque era más tiempo de servicio militar, ganaba, ya que con apenas 20 años ya estaría licenciado, y si hubiera esperado a la edad obligatoria, apenas hubiera ingresado a filas con 20 años.

Escogí ir voluntario a la Cruz Roja de Barcelona. Tenían una unidad militar donde prestaría el servicio durante 20 meses, pero para entrar a formar parte de esta unidad militar, era necesario antes hacer varios pasos.

El primero era realizar un curso de socorrista de tres meses de duración. Lo hice en la calle Pujades, sede central de la Cruz Roja Española en Barcelona.

El segundo, formar parte durante seis meses de una de las unidades de voluntarios que tenía la Cruz Roja en esta sede: servicios sociales, playas, autopistas y carreteras, telecomunicaciones, oficinas, ambulancias, actividades subacuáticas, la moto alpina, etc.

Evidentemente, escogí la Unidad Moto Alpina. Ya hacía tiempo que tenía las ruedas de tacos metidas en la cabeza y esto era una manera más de seguir practicando mi deporte favorito. Me hicieron unas pruebas, las aprobé y me aceptaron.

Es cierto que la primera intención era sólo cumplir con los trámites necesarios para acceder a la Unidad Militar, pero también es cierto que en la Moto Alpina me sentí como en casa: Manel Fabregat (el “amo”), Isidre Montferrer e Isabel, Manel Guzman, Jordi González “Pastora”, etc. me trataron como uno más, a pesar de las diferencias de edad. Me lo pasaba en grande y además colaboraba en servicios sociales con mis aficiones de moto: velocidad, motocross, enduro (antes todo terreno) y, sobre todo, trial.

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Asistí a infinidad de pruebas y tengo en el recuerdo muchas anécdotas. Quizás el último servicio que tengo más claro fue un evento, aún recordado por muchas personas que intervinieron en él, me refiero al supuesto táctico “ICARO 80”, simulacro de gran catástrofe y de atentado terrorista desarrollado el 25 y 26 de octubre de 1980 en el aeropuerto del Prat de Llobregat. Pero los seis meses de voluntario pasaron volando y yo tuve que ingresar para el servicio militar.

Dos meses de instrucción en el campamento de reclutas de Sant Climent Sescebes y dieciocho meses en la Unidad Militar de la Cruz Roja, haciendo de conductor (chofer) del Coronel Josep Sala Villa (jefe de la unidad militar), pero eso ya es otra historia.

Al terminar la “mili” (septiembre de 1982), lo reconozco, acabé harto de militares, uniformes y, porque no decirlo, de la Cruz Roja. No volví a poner un pie nunca más en la sede de Barcelona y perdí todos los contactos con sus miembros, tanto voluntarios, como militares, como profesionales.

Pero el mundo es un pañuelo y 20 años después, en mi primera participación en los 2 Días de Trial de Arinsal, me dirijo a una persona de la organización, con voz áspera y afónica, que me era familiar. Pregunto y me dicen… es Manel Fabregat!

Ostras! “El amo” y así volví a reencontrarme con aquellos años. A partir de entonces y con el Facebook todo fue mucho más fácil. Poco a poco nos hemos vuelto a encontrar para compartir esos momentos que, en mi caso, fueron breves, pero que los recuerdo con gran satisfacción.

Ahora, con la franqueza que desprenden mis pensamientos, quisiera haceros partícipes de lo que significó la Unidad de la Moto Alpina de la Cruz Roja, cómo se creó y cómo dejó de existir. Para ambas cosas he contado con la colaboración de Nacho Bertrán, Pep Segalés, Manel Fabregat y también de ex miembros de la misma unidad. Espero que os guste.

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Para empezar a hablar de la Unidad de la Moto Alpina de la Cruz Roja, no puedo hacerlo sin dejar de mencionar a su fundador: Manel Fabregat.

Él fue el responsable de que en 1969 se creara una sección de la Cruz Roja, que se dedicaría a cubrir eventos deportivos en zonas donde la utilización de una moto de montaña pudiera ser clave.

La idea surgió casi sin darse cuenta ya que, un año antes, Manel sufrió en carne propia los peligros de tener un accidente en medio de la montaña.

En su primera participación en una carrera de Todoterreno (ahora enduro), en los Dos Días de Manresa de 1968, cayó por un terraplén sin que nadie se diera cuenta, por lo que tampoco nadie se preocupó de su búsqueda y nadie notó su ausencia ya que, además, tampoco nadie le esperaba a la llegada.

Manel se había desplazado a Manresa con la misma moto con la que tenía que correr la prueba, cargado con una mochila y poco más. Nadie le acompañó, por lo que ningún familiar ni amigo le esperaría en la meta. No llegó al hotel hasta pasadas las 10 de la noche. Lo hizo por sus propios medios y en un lamentable estado por la caída, y embarrado y empapado porque había estado lloviendo. Realmente lo pasó mal durante las horas en que estuvo solo.

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Este percance fue lo que le hizo ver los grandes peligros que corren los pilotos en la montaña si no tienen una asistencia rápida en el momento de un accidente y comenzó a darle vueltas, hasta que le vino a la cabeza la idea de crear un cuerpo específico de motoristas expertos y con suficientes conocimientos médicos como para poder prestar unos primeros auxilios eficaces.

Entonces, Manel Fabregat ya colaboraba con la compañía Alpina de la Brigada de Tropas de Socorro de la Cruz Roja, haciendo rescates con literas en las pistas de esquí, por lo que no le fue difícil convencer a sus superiores de las virtudes de un cuerpo como el que proponía.

De esta manera nacía la Unidad Moto Alpina de la Cruz Roja.

Los inicios de la Brigada Moto Alpina de la Cruz Roja en 1969 fueron con muy pocos medios, pero con mucha voluntad. Tanto es así, que el cuerpo estaba formado por voluntarios que utilizaban sus motos, coches y remolques particulares para cubrir los diferentes servicios. No fue hasta 1971 que Cruz Roja autorizó la compra de varias motos.

Es entonces cuando Manel Fabregat se pone en contacto con Francisco X. Bultó para proponerle, partiendo de las Sherpa Kit Campeón, el diseño de un modelo exclusivo para la unidad. Solicita neumáticos de cross en vez de trial, amortiguadores más duros, un asiento más amplio, etc.

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Don Paco Bultó aceptó la propuesta y se crearon 6 prototipos a partir de los cuales, posteriormente, Bultaco decidió producir una serie de la que sería la primera Trail de la marca. Además, en homenaje a la brigada, bautizaron este modelo como Alpina, haciendo donación de varias unidades a la compañía.

Pasado un tiempo, Cruz Roja adquirió y personalizó cascos y barbours para el personal ya que, al igual que ocurría con las motos, la indumentaria era particular y propia de cada uno.

El número de servicios prestados desde la fecha de su creación es incalculable, pero sí destacan aquellos que por las circunstancias eran más complejos. Desde los 6 Días de Todo Terreno de Guarradama en 1970, hasta los 6 Días de la Cerdaña de 1985, pasando por el Trial de Sant Llorenç del Munt, el Motocross del circuito del Vallés, las 24 Horas de Montjuïc, la concentración de Andorra o la mítica de Los Elefantes en Salzburgring y contratados por JJ Cobas para darles asistencia técnica y sanitaria en la carretera.

Todos los servicios eran importantes, independientemente de su relevancia. Se esforzaban por igual, tanto en una prueba internacional como en cualquiera de las múltiples de ámbito local que se hacían. El objetivo era dar cobertura al máximo de pruebas posible, llegando a salvar vidas humanas por la rapidez del servicio y gracias a que las motos les permitían llegar antes a los lugares más inaccesibles. También es cierto que tanto acudían a eventos deportivos, como colaboraban en cualquier tipo de emergencia o desastre que afectara a la sociedad civil. Por ejemplo, las inundaciones de Cornellà de 1971, un accidente aéreo en el Montseny o la búsqueda y rescate de unos espeleólogos en el macizo del Garraf en 1973. Sin olvidar el incendio forestal del Tibidabo o cuando les tocaba buscar personas perdidas en las montañas. También, más de un verano, cuando el volumen de las carreras bajaba, colaboraban con la Cruz Roja de las playas, abriendo paso a las ambulancias por las carreteras llenas de coches, o simplemente llevando material de un puesto de socorro a otro.

Pero llegaron los problemas internos.

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Sobre mediados de los setenta, ya con más de 30.000 km de montañas en la espalda, se decidió que las motos ya no daban más de sí y se pidió renovar la flota. Ni Cruz Roja, ni la Federación de Motociclismo se quisieron hacer cargo de los costes, aunque las marcas ofrecían impresionantes descuentos. Llegó un momento en que las motos ya no admitían más reparaciones y se tomó la delicada decisión de parar.

Ofrecer servicios con material que no inspiraba confianza y que podía ser peligroso para la seguridad personal de los voluntarios era del todo inadecuado. Se reciclaron algunas de aquellas motos hasta convertirlas en motos de enlace por carretera, pero para la montaña ya no servían.

A pesar de todos estos inconvenientes, el cuerpo continuó y en junio de 1978 lograron aumentar la flota de motos. La Federación hizo posible la compra de cuatro unidades. Por la compra de dos Frontera 250, Bultaco hizo donación de una Alpina 250; Montesa, por la compra de dos Enduro 250 (*), regaló una Cota 348 Trail; y el moto club “PolePosition” dio una Alpina, que también se sumó a la Cota 348 que había regalado la escudería Isern unos meses antes. Todo ello, unido a la consecución de un vehículo todo terreno perfectamente equipado para la extracción de accidentados en lugares de difícil acceso para una ambulancia convencional, hizo recuperar la moral de la Unidad Moto Alpina y permitió que siguiera activa unos años más.

(*) Con la Enduro 250 es con la que me hicieron las pruebas de acceso a la Unidad y la Cota 348 Trail fue la que llevé en más de un servicio.

Pero también volvieron los problemas externos.

Resumiendo: el servicio era eficiente y la gente / motoclubs lo solicitaba, pero por un cúmulo de circunstancias políticas y económicas, las cosas se torcieron. El material no era el adecuado, no ingresaba personal nuevo y el país estaba cambiando. Así pues, uno de los últimos servicios que se hicieron fueron los 6 Días Internacionales de Todo Terreno de la Cerdanya en 1985, y todo ello gracias a la Federación Española (presidida por Toni López) que les consiguió seis Merlin para cubrir este evento.

¿Por qué no recuperar o poner en marcha un cuerpo de características similares a aquel?

Es cierto que han pasado ya bastantes años desde el cese del Cuerpo de Tropas de Socorro de la Cruz Roja Española (y con ella la Unidad Moto Alpina), pero es que además no quisiera comentar nada sobre la gran similitud de la Cruz Roja al modo de hacer y deshacer y la jerarquía del ejército de tierra. Aunque el Cuerpo fuera considerado, en caso de guerra, Fuerza Auxiliar de Sanidad Militar, creo, es más, lo afirmo… que la Moto Alpina tenía mucho de voluntariado de Cruz Roja y muy poco de Militar, de hecho nada.

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Dicho esto, en un momento en que los deportes de aventura están en plena expansión y que cada vez se practican más actividades en plena naturaleza, parece increíble que nadie haya montado algo similar a lo que en su día fue la Unidad Moto Alpina.

Es más, todos sabréis que en cualquier evento deportivo se debe contratar obligatoriamente una ambulancia para poder cubrir los posibles accidentes y que es difícil que la situación comprometida (accidente) que tuvo Manel Fabregat se vuelva a repetir, pero también es cierto que en muchas ocasiones las ambulancias no pueden llegar al lugar del accidente, actuando entonces los amigos, familiares, etc. con más buena fe que medios.

Por propia experiencia como organizador de triales a través de Motocat, en más de una ocasión he visto cosas y actuaciones que en pleno siglo XXI no se pueden permitir y harían sonrojar a más de un voluntario de la Moto Alpina de los años setenta y ochenta.

Se me hace difícil pensar que nadie esté dispuesto a emplear su tiempo libre colaborando en acciones de este tipo. Protección Civil, ADF, etc. están constituidos por gente que no busca recompensa económica y que ayuda simplemente por pura satisfacción personal, pero es cierto que conseguir voluntarios hoy en día parece tan difícil como improbable y aquí es donde me surgen las dudas:

¿Por qué no enfocarlo empresarialmente?

Quizás la única posibilidad para que este cuerpo resurgiera de sus cenizas sería darle un enfoque empresarial. Que fuera un trabajo absolutamente profesional, dedicado a la prevención, la vigilancia y el salvamento. Lo fundamental es que sea un negocio.

Con estos datos sería el momento de crear una empresa pensada para aportar seguridad en cualquiera de los múltiples eventos “outdoor” que se celebran en nuestro país.

Que quien necesite sus servicios pague por ellos. Porque sólo así se podría disponer de gente cualificada, de material apropiado y de medios para mantenerlo en perfectas condiciones de uso. Con ello, y la correspondiente obligatoriedad por parte de las aseguradoras y Federaciones a sus moto clubes, podría ser suficiente para que un cuerpo de estas características pudiera volver a funcionar.

Ahí queda la idea. Yo lo veo claro!

David ha facilitado los medios para canalizar cualquier comentario, pero si lo queréis hacer más personalizado, siempre me encontraréis en bonaigua@bonaigua-trial.com

¡Muchos ceros!

Víctor Martín

“bonaigua”

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